Hay gente que colecciona revistas y otros que solo las leen. Las revistas son una de las primeras cosas que se sacrifican en una mudanza, ¡y qué pena da tirarlas!, pero la vida es así: cruel. Y los pisos, cada vez más pequeños…

Tengo un amigo que adora las revistas. A mí me gusta mirarle cuando las hojea porque es pura pasión. Yo creo que si pudiera reencarnarse en algo lo haría en una de ellas. Lo imagino feliz, paseando por sus páginas cambiando con una varita la tipografía de un titular, ¡clinc! o el color de otro ¡clinc! ¡clinc!

Yo misma he trabajado en revistas y os puedo asegurar que no es oro todo lo que reluce. Pero qué gusto da cuando la ves por primera vez recién salidita de imprenta, he visto a redactores olerla antes de hojearla... y no diré nombres. Qué placer da tenerla en las manos, sentir el papel, percibir el sonido de las hojas al abrirse por primera vez... y qué orgullosa te sientes cuando a la gente le pirra.

Te presentamos 5 revistas de interiorismo. Bueno, no son bien-bien de interiorismo. Son de lifestyle, tú ya me entiendes; no son las típicas. Hemos rastreado por la segunda y hasta la tercera fila del quiosco, pero al final, ha merecido la pena. ¡Esperamos que os gusten!

 

Cereal no es sólo para el desayuno, pero sí que representa ese momento del día en que agradecemos que los estímulos visuales sean suaves. Es como la luz que se filtra en la habitación a primera hora de la mañana y que hace más llevadero tener que levantarse a las 7.

Cereal te lleva de viaje a las piscinas de agua del océano que hay en Sydney. Te abre las puertas de la casa en el árbol que han construido en Laponia. Te presenta a los habitantes más salvajes de Reiykjavik. Y te muestra los interiores más esenciales del planetaCereal es gris claro. Subscríbete aquí

Kinfolk publica números monográficos. Y uno de los más interesantes es el que dedicó a la familia: "real family values have nothing to do with where we live or how we know each other–they're about how we treat each other". Todos los ejemplares están disponibles en su web. Cuesta 18 $ pero vale la pena por el enfoque que dan a los temas de siempre: las relaciones de pareja, el tiempo de ocio, las prioridades, el trabajo. A propósito del trabajo, aseguran que emprendedores somos todos, de una manera o de otraKinfolk es burdeos. 

El Apartamento Es el chico malo del grupo. El más valiente y transgresor. El que invita a Terry Richardson a la fiesta. El que hace lo que le da la gana, básicamente, y cuando cae lo hace de pie. Cuenta con una legión de seguidores. Uno de sus múltiples aciertos es que la mayoría de fotos están hechas como si alguien acabara de estar ahí. El rastro humano siempre está presente. La imperfección como forma de entender la historia. Pero con un discurso detrás. El cerebro del apartamento no está, en ningún caso, vacío. Apartamento es un collage. Subscríbete aquí

Kireei entiende por “cosas bellas” lo mismo que nosotros. Un muñeco de trapo con la cara de Bowie, por ejemplo. La combinación de madera y blanco en una casa. Dos hermanas haciendo la vertical en un jardín. Kireei te sorprende con temas de lo más variado y siempre gratamente. La revista te arranca esa sonrisa de complicidad o hace que te llegue a interesar la costura a ti, que no has cosido ni el bajo de un pantalón y cuando se te cae el botón de una camisa llamas a urgencias. No es verdad que sea una revista de niños. Kireei es más, mucho másSubscríbete aquí

Igual que un sueño lo acabas descifrando el día menos pensado, la esencia de Openhouse se te queda pegada a la piel y se manifiesta al cabo de unas semanas cuando vas al centro y acabas comprando un mueble que se parece sospechosamente al que salía en aquella revista.

Openhouse abre las puertas y ejerce de anfitriona de una casa en Cardedeu, una masía en la Puglia italiana o una vivienda en Buenos Aires. Todas son plantas bajas, aferradas al suelo. Una revista donde las casas parecen empezar a construirse por el jardín, habitadas por artesanos y artistas, y en las que el taller es una habitación imprescindible. Openhouse magazine es verde. Subscríbete aquí

Cristina Ros