“Son las 8 de la mañana y he de subir un post a Instagram. Mis seguidores están pendientes de mi desayuno, del look que llevo hoy y de todo lo grandioso y maravilloso que les voy a contar. No, no puedo demorarme, están esperándome”.

 

Vivimos más tiempo dentro del mundo online que en nuestras propias vidas. Más pendientes de la aprobación de los demás a través de likes y comentarios que lo que sentimos y vivimos en nuestra vida real, en nuestra propia piel.

El foco y el punto de mira está hoy en Internet y en muchos casos y para muchos, en Instagram y en otras redes sociales. Ansiedad por el like, los seguidores y los comentarios. Buscamos la fama, aceptación  y admiración a través de corazones que dan la aprobación a nuestras vacaciones o a nuestra última adquisición. ¿Se nos está yendo la cabeza? Sí, ¡eso creemos!

La era digital hace años que es una realidad inundando todos nuestros espacios y universos, no dejando fuera de ella ninguna de las parcelas de nuestras vidas. Compartimos los desayunos, espacios de trabajo, comidas, tardes en actividades, la vida de nuestros hijos a quienes no les pedimos permiso por pasar a formar parte de la gran nube, fines de semana y vacaciones, momentos en familia, con amigos… Hola, ¿podemos dejar algo para nuestra intimidad? ¿Quizá ahí fuera no quieran saberlo todo absolutamente todo de nuestras vidas? Y quizá debiéramos vivir en lugar de compartir, compartir, compartir en loop porque, a nuestro entender, esa constante narración de historias no permite espacio para nada más. ¿Cuándo se vive todo eso que se narra? Ah no claro, ¡que es ficción! ¿O es real? Ya no sabemos donde están los límites… ¿Qué es real y qué es ficción?

Algo que nos ha acercado en muchos sentidos, es también algo que ha hecho que nos perdamos, en mayor o menor medida según cada quién, pero que se ha llevado consigo esencia y singularidad propia. ¿Quién es esa persona a quién seguimos? ¡Podría no ser cierto todo lo que nos cuenta!

Vivimos el narcicismo del like, del click y de las visitas pasando por alto a las personas, al tú y al yo. “Te quiero, me gustas pero no te conozco”. Queremos captar la atención de seguidores, de personas que no conocemos: “Tus amigos”, “Mis seguidores”. ¿Quién son ellos? ¿Es cierto lo que dicen y propagan? ¿Y qué tiene que ver todo eso con nosotros? Hacemos, vestimos, comemos, viajamos, miramos… todo lo que otros dicen o hacen porque eso es lo que ahora se lleva y tiene éxito: el último restaurante, el evento de moda, el último destino de vacaciones, el restaurante al que todos van. Lo mainstream marca las normas del juego. Esos escenarios que los influencers, apoyados por marcas, han creado para que el pueblo acoja y acepte porque es bello, hermoso, mola y toca. ¿Y tú? ¿Qué tienes qué decir tú a todo eso?

 

Tú que eres singular, que eres único, especial por tus rarezas, tus virtudes, tus defectos, tus altos y tus bajos, te queremos por lo que eres pero sobre todo, por ser tú, como todos y cada uno de nuestros objetos de El Recibidor. Ninguno igual. Cada uno con su historia, alma, esencia, función, belleza,  distinto a su vecino y listo para llegar al hogar de cualquier persona única y singular.

 

Objetos que no gustan por gustar, gustan de corazón porque son hermosos en su singularidad, sin seguir normas, estereotipos ni modas. Estarán en Instagram pero estarán para narrar su historia propia y real. Una historia que no comenzó en El Recibidor porque sus vidas empezaron mucho antes de llegar a Calabria 85. Muebles y objetos con voz y luz propia y que estarán aquí hasta que llegue su alma gemela.

Lámparas, aparadores, sillones, mesas y sillas que no aparentan, que son ellos mismos, que viven más allá de esta otra realidad de exhibicionismo y voyeurismo en la que se vive a través de los demás. Estos no juegan en el mundo de influencers porque tienen su propio mundo pero te cambiarán la vida. Lo prometemos.

 Imagenes: EP1T2 Black Mirror / Netflix // Ilustración: Billy Mariano da Luz